Al parecer, la carta de navegación de mi vida tiene parajes que, a cada tanto, me recuerdan que eso de tener una vida plana no es para mí. Les cuento que el sábado pasé algo más de tres horas de mi existencia atrapada en el balcón de 1x1 de mi departamento, esperando ser rescatada a 9 pisos de tierra firme.
La cosa es que siguiendo mi lema: mujer abnegada, matrimonio feliz, me levanté temprano ese día para asear mi depto. La verdad es que me tiene tan excitada esto del nuevo hogar que sólo me vasta vitrinear copas, loza o vajilla, para sentirme una mujer completa. Y bueno, fue entonces cuando me empeciné en dejar “brilloso” todo, los muebles, piso, baño, cocina, living, cama, etc, Hasta ahí todo fenómeno, salvo porque luego se me ocurrió la “brillante” idea de limpiar los vidrios del balcón a fondo...
No sé si fue la música para encerar (entiéndase los clásicos de radio Pudahuel) que me impregnó los poros, o la ansiedad que me produce uno que otro drama existencial del último tiempo, o mis inminente 29, o esta soltería que me está matando, la cosa que me afané tanto en el friega que friega que terminé, accidentalmente, encerrándome en un diminuto espacio, no entendiendo nada y sin poder escapar a ninguna parte. Todo a unos 50 metros de altura.
Sólo faltó un par de segundos -conociendo la curiosidad del chileno- para que las personas se aglomeraran abajo del edificio; inquietos, preocupados, gritando y preguntando de todo. La pregunta del día, sin duda fue ¡qué cresta me pasaba!
Amurrada por mi condoro, no tenía ganas de explicar mi desgracia a los cuatro vientos. Y ante mi silencio, la infaltable vieja copuchenta supuso que quería quitarme la vida y ahí todo se empeoró. La gente comenzó a gritarme sin cesar: tranquila señorita, no se mueva, no se preocupe, vamos a rescatarla, no se desespere, la ayuda viene en el camino, pronto vendrán a auxiliarla, cómo le fue a pasar, no tiene llaves, está mareada, rompa el vidrio, cómo le fue a pasar esto, quiere llamar a alguien, quédese tranquila, no se desespera, a cualquiera le puede pasar…uf!!
La cosa es que siguiendo mi lema: mujer abnegada, matrimonio feliz, me levanté temprano ese día para asear mi depto. La verdad es que me tiene tan excitada esto del nuevo hogar que sólo me vasta vitrinear copas, loza o vajilla, para sentirme una mujer completa. Y bueno, fue entonces cuando me empeciné en dejar “brilloso” todo, los muebles, piso, baño, cocina, living, cama, etc, Hasta ahí todo fenómeno, salvo porque luego se me ocurrió la “brillante” idea de limpiar los vidrios del balcón a fondo...
No sé si fue la música para encerar (entiéndase los clásicos de radio Pudahuel) que me impregnó los poros, o la ansiedad que me produce uno que otro drama existencial del último tiempo, o mis inminente 29, o esta soltería que me está matando, la cosa que me afané tanto en el friega que friega que terminé, accidentalmente, encerrándome en un diminuto espacio, no entendiendo nada y sin poder escapar a ninguna parte. Todo a unos 50 metros de altura.
Sólo faltó un par de segundos -conociendo la curiosidad del chileno- para que las personas se aglomeraran abajo del edificio; inquietos, preocupados, gritando y preguntando de todo. La pregunta del día, sin duda fue ¡qué cresta me pasaba!
Amurrada por mi condoro, no tenía ganas de explicar mi desgracia a los cuatro vientos. Y ante mi silencio, la infaltable vieja copuchenta supuso que quería quitarme la vida y ahí todo se empeoró. La gente comenzó a gritarme sin cesar: tranquila señorita, no se mueva, no se preocupe, vamos a rescatarla, no se desespere, la ayuda viene en el camino, pronto vendrán a auxiliarla, cómo le fue a pasar, no tiene llaves, está mareada, rompa el vidrio, cómo le fue a pasar esto, quiere llamar a alguien, quédese tranquila, no se desespera, a cualquiera le puede pasar…uf!!
Por consiguiente, el ruido ambiental hizo que mi voz se perdiera en el piso 5 y no había cristiano que escuchara mis vagas explicaciones de cómo cresta fui a parar en ese lugar. Como será que mientras gritaba: llamen a un cerrajerooooo, de abajo respondieron: Sí. Ya llamamos a Carabineros….¡plop!
Esto sí que se empeoró –pensé.
Cuando ya habían pasado unas dos horas de reproche a mi propia gueonera, para mi suerte reinó la calma entre mis vecinos. Claro que eso fue a raíz de que se dieron cuenta que lo mío era mera estupidez y que no habría un caso típico de suicidio frustrado el que pudieran leer al otro día en la Cuarta o ver en los noticiarios, para luego con mucha compasión tener que decir: yo conocí a la pobre niña, se veía tan mal…
En fin. En el momento en que reinó la calma y me di cuenta que nadie vendría a rescatarme, salió una vecina de al lado a darme "apoyo". Y me dijo:
-¿Nadie más tiene una copia de tus llaves?
-No, respondí.
-Ah!! Entonces eres sola, dijo con lástima y se entró.
Sus tres palabritas mágicas pesaron tanto sobre mi desgracia que fue entonces cuando de verdad sentí lo sola que estoy en esta ciudad de mierda y ¡peor!, sin saberme de memoria ningún puto número de teléfono…Más mal, no podía sentirme.
Pasó un rato más de quietud y empecé a pasarme películas de estilo hollywoodense, como para entretener la mente, incluso, imaginé que era Rapunzel y que un príncipe me pedía que lanzara mis cabellos para subir por ellos…A esa altura deliraba, no se rían.
Y bueno, estaba en eso cuando siento un golpe fuertísimo y al voltearme, tuve una excitante sorpresa: un joven rubio, alto, medio chascón, de overol, bombero y fortachón con cara de héroe me miró y flechó. Suspiré, pues fue el mismo que con un sólo empujón rompió la chapa de la puerta y me salvó.
La escena habría sido de antología y hubiese querido congelarla por unos segundos de no ser porque de la nada, se abalanzó sobre mí un conserje, chico, gordito y pelado, que mató de una la burbuja que tenía en mi mente, el que sin cayarse la boca, preguntaba una y otra vez cómo me sientía.
Me sentía excelente, como si no, si no todos los días me cruzo con un varonil y valiente bombero en situaciones de emergencia. Y no paré de darle las gracias por haber evitado que muriera congelada en ese balcón. Hubiese querido darle mi teléfono celular -la dirección ya la sabe- pero no tuve ocasión, o mejor dicho, el conserje regordete no dio paso al romanticismo con su monólogo. Lástima.
Para mi suerte la trifulca que armé terminó digna y con un final feliz. Ahora estoy afanada buscando títulos para el libro que pretendo escribir con esta historia, se me ocurren algunos como: “Atrapada en el 906”; "Elegí vivir" o "El bombero de mi vida...."
Para mi suerte la trifulca que armé terminó digna y con un final feliz. Ahora estoy afanada buscando títulos para el libro que pretendo escribir con esta historia, se me ocurren algunos como: “Atrapada en el 906”; "Elegí vivir" o "El bombero de mi vida...."
No será mushooo?
7 comentarios:
Lilo....amiga ...es mejor que le pasen estas cosas a tener una vida plana....asi que acuerdate de lo bueno y no de la vecina que te preguntó ¿eres sola?....esos son gajes de oficio...aunque llegué después del episodio....traté de brindarme mi apoyo en este bochornoso chascarro pero que tuvo un final feliz....Ahora espero el libro....que lo compró altiro, así que ponte a escribir...
PD: me acuerdo del conserje y me rio...
esa es la vida de Marylo y de nadie más, quizás muchas quisieran tener un breve instante de esas emociones, anecdotas o aventuras!
Amiga, solo te suceden a ti, por que eres especial y como bien dices la rutina y el gris -no son parte de tu vida-.
sino hubieses estado sola en esta ocasión nada habría pasado y no podríamos reir a mares, gracias por eso. Y de la soledad espiritual, de dire que no estas nada de sola tienes amigos que te adoran, una familia donde hay ángeles como la Ignacia, amores locos y hasta un gato pardo...y próximamente un bombero para que apague tu fuego!
tkro mucho no cambies!
gracias amiga, creo que entre tanto gato pardo que me persigue, un bombero que se ha transformado en el hombre más buscado de Santiago, un conserje obsesivo por mi bienestar y un balcón que me dejó atrapada, me he dado cuenta que no hay nada mejor que tener una vida muy agitada....
Y amigas como tú, que saben valorarme, son las que pretendo cultivar para que me acompañen en esta aventurera vida mía....
gracias por tu comentario.
Muy buena historia… creo que ahora vas a pensarlo más de dos veces antes de limpiar los vidrios desde el balcón. Moraleja: Mejor ver los vidrios sucios de adentro que verlos limpios por fuera por horas, y a todo esto, los alcanzaste a limpiar bien? Lo que si, te aseguro que aunque llegaste hace muy poco a ese edificio pasaste a ser por bien o por mal la “chica popular”.
Un abrazo.
T.
CLAP! CLAP! CLAP!
HILARANTE !!!!!
Lore, creo que la gente que lee tu blog se confunde y cree que realmente estás sola: Te aseguro que te faltan dedos para contar a las personas con las que puedes contar en momentos de "necesidad" (del tipo que sea), quiero que sepas que cuentas conmigo.
Te propongo que le saques una copia a las llaves del 906 y me la dejes a mi, luego compra un teléfono de esos que funcionan con monedas y lo instalas en el balcón y dejas una moneda de 100 pesos pegada con cinta adhesiva al teléfono, de ese modo me puedes llamar si te vuelves a quedar afuera.
No, pero hablando en serio, tu sabes cuanta gente te quiere y piensa en ti, tíralo como talla, TÚ NO ESTÁS SOLA y a ti jamás te falta compañía (y de la buena).
Un besito, me das tanta risa....
jajajaja, no sabes cuanto me he reido con la descripción de los sucesos, jajajja... y pensar q sin conocerte fui TESTIGO de tu situación... verte desde abajo q gritabas "llamaron al cerrajero!!!" y que los conserjes te respondían "si, viene en camino" mentirosamente, porque a eso de las 7 y algo de la tarde aún no ubicaban a ninguno, jajajja... uff, como te pelamos desde abajo "utas, la mina pa agilá", jajaja... pero te aplaudo!!!, te ries de la situación y ahora ntiendo xq la irina me dice q te tengo q conocer algun dia, jajjaa... y bueno futura vecina, más de algún te o comida compartiremos...
salu2!!!... y feliz cumple!!!...
eres divertidisima, topisima.
marisol sepulveda
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