Les voy a contar una historia muy cierta que ocurrió una vez al comienzo de todo. Es preciso sepan que antes de que el planeta estuviese habitado por hombres y mujeres, vivían aquí las pasiones y virtudes.
En el planeta Tierra estuvieron viviendo durante cientos y cientos de años y durante toda una eternidad. Pero las pasiones y virtudes se aburrían como ostras con el transcurrir de los siglos. Así, para hacer más llevadera la carga de la existencia, cada día trataban de inventar un juego nuevo al que jugar.
Solía ser la imaginación la que proponía los juegos. Fue entonces cuando un día propuso jugar al escondite. A todos les pareció bien, todos estaban entusiasmado con la idea, pero claro, quién contaría...?
La primera en levantar la mano fue la locura... “ Yo, yo, yo cuento”, dijo. "Bueno, está bien, señaló el resto"... puedes contar.
La locura volvió la cara contra un árbol y comienzó la cuenta, mientras el resto se escondía rápidamente. Al volver la cara contra la corteza del árbol empezó a contar una cuenta imposible de entender “1, 7, 2, 55, 88, 13”, pero no importó. Uno a uno se fueron escondiendo por todos los lugares posibles. Cada uno iba buscando el lugar más apropiado en el que pensaban la locura no los encontraría.
Poco a poco se fueron escondiendo todos, excepto uno, que tardaba en encontrar el lugar apropiado, ese era el amor. Es que ya saben que el amor es bastante indeciso, y andaba de una lado a otro sin saber donde meterse.
La locura seguía con su cuenta “55, 6, 99, 100... ahí voy”, y se dio la vuelta. El amor asustado se metió en el primer lugar que vio, dando un salto en un matorral de zarzas que había por ahí cerca, se quedó atrapado con la esperanza de que no lo vieran. Y, por supuesto, nadie lo vio.
Vaya que la locura es perpicaz, pues a la primera que encontró tumbada fue a la pereza. Luego a la imaginación allí entre las nubes, a la mentira la vio también, pero como era mentira tuvo sus dudas. Y así, uno a uno fueron apareciendo. La locura fue encontrándolos a todos.
Al poco rato faltaba solamente uno por encontrar...al amor. Ya saben que encontrar al amor es bastante difícil.
Pero el juego ya empezaba a hacerse pesado y la locura empezó a impacientarse...“Amor, sal ya que se hace tarde...”, gritó fuerte. Sin embargo, como el amor es muy indeciso, tenía pavor de salir. Y es que al amor uno no solamente tarda en encontrarlo, sino que a veces tarda demasiado en salir a la luz.
El amor asustado no salía. La envidia -que suele preocuparse bastante más de los demás que de sí misma- se acercó al oído de la locura y le dijo: “ El amor esta oculto entre esas zarzas”. La locura muy enojada fue hacia el lugar y empezó a gritar : “ Amor sal ya, que se nos hace tarde”.
Y como ya cada uno de nosotros sabe que el amor es indeciso, una vez que lo encuentras es difícil sacarlo. Pasó un rato y la locura muy enojada trató de meter la mano entre las zarzas para sacar al amor a como diera lugar, con la mala fortuna que se pinchó con una espina. Es que a veces hacer salir al amor duele.
La locura muy enfadada... agarró una vara que había junto a las zarzas, la introdujo en el matorral y empezó a agitarla entre las ramas con todas sus fuerzas.....Ayyyyy! de repente se oyó un grito, de entre las ramas de las zarzas salió el amor con las cuencas de los ojos ensangrentadas.
Lo que ocurrió es que la locura en su locura al agitar la vara entre las zarzas le había sacado los ojos al amor... dejándolo ciego para siempre.
Todos se quedaron muy callados mirando al amor con las cuencas vacías, sin saber qué decir.
Creo que quizá aquella fue la única ocasión en la que la locura habló con un poquito de cordura, pues dijo: “No se preocupen, desde ahora yo seré sus ojos...” Y es por esa razón que desde entonces el amor es ciego y la locura son sus ojos...
octubre 03, 2005
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1 comentario:
Me encantó eso del amor es ciego. Y vaya que cuando creemos encontrarlo a él le da miedo salir. Miedo a sentirme atado quizás.
Te felicito por tu blog, escriben muy bien. Ägil, directo y entretenido.
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